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Vigésimo segunda entrega de la saga de Henry Bosch, el personaje ícono de la narrativa de Michel Connelly. Casi retirado, Bosch se infiltra esta vez en el duro y oscuro mundo de la venta ilegal de fármacos.

 

U ltima entrega hasta la fecha del detective Hyeronimus “Harry” Bosch, figura principal de la narrativa de Connelly. En el mismo inicio de la novela, el detective realiza un arduo catálogo de una situación burocrática incómoda. Trabaja en horario de oficina en casos abiertos para el Departamento de Policía de San Fernando, su lugar de trabajo es una antigua celda del destacamento. Ese pequeño espacio es una muestra del lugar que ocupa el mismo Bosch en la novela. Tiene la llave, pero está tras barrotes. Es en esa dualidad en la que va a moverse durante todo el relato. Mientras recibe la visita de su ex compañera, junto a los siempre temibles agentes de asuntos internos, el Departamento de San Fernando recibe una alerta de asesinato en una farmacia local. Lo que parece un atraco con víctimas fatales, rápidamente vira hacia un ajusticiamiento perpetuado por una red de venta ilegal de fármacos. Bosch afronta una investigación pesada que incluye infiltrarse en esas organizaciones a la vez que un caso del pasado reaparece amenazando con destrozar su reputación. Un asesino, encarcelado hace más de una década por el detective, en espera de la pena capital, lo acusa de plantar pruebas para incriminarlo.

 

Estas dos tramas se entrelazan en un filtro que persigue una verdad que no sólo necesita evidencias, también abogan por emerger a través de la conducta y la trayectoria de Bosch y de lo que lo rodea y constituye. En el caso de los fármacos, el detective mantiene los ojos sobre la presa, se inmiscuye más y más en el caso, decidido a encontrar a los sicarios de los farmacéuticos, padre e hijo, ultimados en su droguería. La investigación lo lleva a identificarse con el menor de los asesinados, quién en medio del ataque toma una decisión vital que es, además, el hecho impulsor de la trama y el pulso básico de la empatía que nace en Bosch. Ya no es una cuestión de puro profesional, siente que debe hacer algo por ese hombre, algo verídico, personal, crece en Bosch, un impulso más ético que moral. A la vez, navega entre las miradas antes respetuosas trucadas por otras nuevas, llenas de dudas y rumores que minan su nombre y reputación por la acusación de, nada menos, un asesino.

En una entrevista, Connelly reconoce que un hecho de su juventud terminó de hacer virar su deseo de estudiar hacia la escritura de policiales. Caminando de noche, en retorno a su casa, vio a un hombre arrojar un arma al río, no supo el porqué pero lo siguió a un pub, de lejos lo observo por horas y terminó la persecución silenciosa hasta un complejo de apartamentos. Ese juego, en el que la adrenalina y el temor combustionan en un deseo de averiguar, de tener certeza sobre un hecho, está presente en Las dos caras de la Verdad. No se moraliza la corrupción, las decisiones de los personajes nunca abandonan el vértigo de las que son tomadas en la acción o en la rutina, en una oficina o en pleno operativo encubierto en una organización de venta de fármacos. La acusación del asesino, pone a Bosch en un lugar de duda, no propia, es su entorno que empieza a mirarlo con cierta distancia. Su prestigio antes de bronce pulido, empieza a mostrar rajaduras. Durante la novela, Bosch cambia, reconoce con amargura que la justicia, a veces, muchas, sólo puede darse a corto plazo, casi a título personal. La verdad no es la luz, su consecución atrae sombras, personales, generales, pero siempre inesquivables, pesadas, durísimas. A sus sesenta años, esa revelación amenaza con ser devastadora. Los seguidores de la saga Bosch, encontraran personajes que retornan a la historia, pero incluso si estos viejos conocidos están para ayudarlo, se ven inmersos en la situación dubitativa que rodea al investigador. Bosch comienza a descubrir que la verdad es un asunto de miradas, de experiencias, liberadora, tal vez, devastadora, siempre.

 

Guillermo Bawden

Córdoba, 1977. Fue editor de la revista universitaria de humor Le Primitive Diplomatique desde 2002 hasta 2005. Formó parte del grupo editorial Llanto de Mudo, junto a Diego Cortés, y dirigió las colecciones Bonzo y Extraviado. También integró el consejo editor de PALP. Revista de Géneros. Actualmente es parte del grupo de trabajo del encuentro de literatura negra Córdoba Mata. Desde 2012 está a cargo del Espacio de Poesía de la Feria del Libro de Córdoba. Co conduce el programa No es Lo que parece en Rock and Pop, actualmente en Radio Pulxo 95.1. Escribe mensualmente la columna Días Contados de La Voz del Interior. En 2021 condujo la docuserie “Las fuerzas magnéticas” sobre la literatura en Córdoba. Editó los siguientes libros: Historia de Roma. Historia de la lluvia. Marlboro Vox. Grimorio del Búho. Paris Jornal. Cuando mueran los peces. El sepulturero y Letra muerta.